JESÚS DESCUBRE EL MAPA OCULTO DE LOS CORAZONES ROTOS

¿Quién esta ocupando nuestra casa interior?

Por Luis Daniel Londoño Silva| Humanizar Creando|dalonsi@gmail.com

Hay relatos del Evangelio que no solo se leen: nos leen por dentro. Marcos 5,1-20, conocido como el endemoniado de Gerasa, no cuenta simplemente la historia de un hombre poseído; revela el mapa oculto de tantos corazones rotos que hoy caminan por el mundo en silencio. 

Este pasaje del evangelio lo hemos reducido a un simple milagro en el que Jesús libera un endemoniado, pero hay algo más... que te va a sorprender. Te voy a compartir el análisis del contexto de este Evangelio y luego una interpretación para nuestro tiempo.

Cabe anotar que todo texto bíblico, y es criterio válido y de consenso, tanto para teólogos católicos, protestantes y evangélicos, se debe analizar desde la época en el que fue escrito, su contexto social, cultural, religioso, político, los usos y costumbres, los dichos, el idioma en que fue escrito, para poder hacer una interpretación adecuada, de lo contrario, se corre el riesgo de la libre interpretación y por tanto, de manipular el texto o somerterlo a idelogías religiosas que podrían engañar a las personas que buscan en la Palabra de Dios la guía para su existencia. 

Continuemos. Este Evangelio Habla de fronteras interiores, de territorios donde nadie se atreve a entrar, de heridas que ya nadie intenta tocar. Y justamente allí —donde ya no esperamos visita de nadie— Jesús llega primero.

Este texto del Evangelio no trata del pasado. Nos coloca frente a la pregunta más seria del presente espiritual ¿Quién está ocupando nuestra casa interior? No para asustarnos, sino para recordarnos que la liberación comienza en el mismo lugar donde habíamos renunciado a esperar.

Si te dejas acompañar por este pasaje, no entrarás a estudiar un milagro ajeno, sino a escuchar cómo Jesús entra hoy en nuestra propia Gerasa, en esos territorios que parecen habitados por sombras… y los vuelve lugar de envío y misión.

Contexto histórico y simbólico

El relato del endemoniado de Gerasa (Mc 5,1-20) abre un momento dramático en el evangelio de Marcos: Jesús abandona territorio judío y entra por primera vez en tierra pagana. No es un detalle geográfico, es un manifiesto teológico. La frontera la trazaban los hombres, no Dios. Jesús acaba de calmar la tormenta en el mar (4,35-41), y ahora calma la tormenta interior de un alma devastada. El mar simbolizaba el caos exterior; Gerasa, el caos interior del mundo humano.

Gerasa era parte de la Decápolis, confederación greco-romana, zona impura para los judíos: paganismo, cementerios, cerdos. Tres niveles de impureza para un judío ortodoxo. Marcos subraya deliberadamente esto. Jesús va donde ningún rabino iría.

El poseído no tiene nombre. Su identidad ha sido devorada: vive entre sepulcros (mundo de muertos), nadie puede dominarlo, se autolesiona, grita sin lenguaje. No está loco: está colonizado interiormente. “Me llamo Legión, porque somos muchos”. Legión es un término técnico militar romano: entre 4.000 y 6.000 soldados la conformaban. 

Este hombre es el símbolo de un pueblo invadido, una persona rota por sistemas que oprimen desde dentro. Marcos está escribiendo a una comunidad que vive bajo Roma. Lo entienden sin explicar.

Momento narrativo

Jesús no lo toca, no lo interroga por síntomas, lo mira y lo reconoce como persona, antes que como posesión demoníaca. Le devuelve el rostro antes del exorcismo.

Los demonios reconocen a Jesús. No hay diálogo real. Solo sumisión ante autoridad disfrazada de negociación. Piden entrar en cerdos —animal impuro— y precipitarse al agua, símbolo de caos. El mal siempre termina autodestruyéndose.

Detalle brutal: los cerdos eran un activo económico. Jesús provoca una pérdida financiera enorme. La gente tiene más miedo a Jesús que al demonio. Porque el demonio esclaviza en silencio, Jesús libera con consecuencias.

Luego, afirma el texto, “Y lo vieron vestido, en su sano juicio y sentado” Tres gestos de resurrección. Del sepulcro a la mesa.

Lo quieren lejos. No soportan un cambio que cuestione la economía del miedo. Jesús no impone. Se va. Pero antes, nombra al primer misionero no judío: el que hace 5 minutos era considerado irrecuperable.

Jesús no expulsa el mal por magia sino por reordenación del sentido existencial. No es poder mágico, es autoridad amorosa. No basta con sacar demonios: hay que rehacer su historia, su dignidad, su vida y su misión.

Jesús hace algo radical: no expulsa primero el mal, primero reconoce al hombre. Hoy muchos quieren expulsar la crisis sin reconocer a la persona. Jesús invierte la lógica terapéutica moderna: no trabaja sobre la patología, sino sobre la identidad.

El exorcismo más profundo hoy no es expulsar espíritus, sino liberar a la persona del relato que la esclaviza. Hoy se procura hacer lo mismo, no se trata de criticar, de juzgar sino de salvar a la persona que Dios ama. Luego, viene lo demás. 

Interpretación para nuestro tiempo: Liberarnos de las "Legiones" modernas

Hoy, este texto nos interpela más allá de una lectura literal de posesión demoníaca. Nuestras "legiones" son aquellos poderes que nos despersonalizan, nos fragmentan y nos alejan de nuestra dignidad de hijos de Dios.

La legión del consumismo y la tecnología 

Vivimos poseídos por un espíritu de consumo que nunca se sacia. La publicidad nos grita día y noche, creando necesidades falsas que nos llevan a una ansiedad perpetua. Las redes sociales pueden fragmentar nuestra identidad ("somos muchos"), mostrando versiones distintas de nosotros mismos y llevándonos a la auto-comparación y la autolesión psicológica. 

Es una legión que habita en el país de los gerasenos, un sistema económico que, como entonces, prioriza la manada (el mercado, las acciones, el crecimiento) sobre el hombre roto que vive entre las tumbas de la soledad y la depresión. No se trata de satanizaar, sino de tener un sentido crítico para que no seamos poseídos. 

La legión de las ideologías y los colectivismos opresores

Cuando una ideología (política, social, incluso religiosa) anula la individualidad y exige una adhesión absoluta que nos despoja de nuestro nombre, se convierte en una legión. El hombre ya no es Luis o Helena, sino solo un "soldado" para una causa, un número en una masa que grita consignas. 

Jesús viene a devolvernos nuestro nombre, nuestra identidad singular y amada por Dios, liberándonos de la opresión de los sistemas de pensamiento totalitarios.

La legión del trauma y la adicción

El hombre de las tumbas es la imagen viva de la persona atrapada por el trauma o la adicción. Vive entre los muertos (sin esperanza), se autolesiona (con sustancias o comportamientos destructivos), y ninguna "cadena" (terapias forzadas, intervenciones familiares) puede retenerlo. 

La curación llega con el encuentro personal con Jesús, cuya palabra de autoridad ordena a los espíritus de la autodestrucción: "Sal de este hombre". Es el poder sanador de Cristo que toca las heridas más profundas y restaura la cordura.

Prepárate para asumir retos

Este Evangelio nos interpela, nos llama y nos compromete a:

Cruzar fronteras

Como Jesús, debemos salir de nuestra zona de confort eclesial, seas cristiano o cristiano católico, y adentrarnos en las "regiones paganas" de hoy: los espacios de dolor, marginalidad y sin sentido. La misión es hacia los que viven entre "tumbas" modernas.

Nombrar y enfrentar el mal

No podemos tener miedo de nombrar las "legiones" que oprimen a nuestro mundo. Debemos denunciar con valentía los sistemas económicos injustos, las ideologías deshumanizantes y las estructuras de pecado, confiando en que Cristo ya ha vencido a ese mal.

Priorizar lo humano sobre lo económico

La reacción de los gerasenos nos advierte. ¿Estamos nosotros, como comunidad, más preocupados por mantener nuestras "cerderas" (nuestras estructuras, presupuestos, tradiciones cómodas) que por acoger el poder transformador y a veces disruptivo de Jesús que libera a las personas?

Ser comunidad que sana y envía

El hombre curado no fue reclutado para el grupo de los Doce. Su misión fue en su casa, en su contexto pagano. Nuestra comunidad, debe ser un lugar donde la gente encuentre sanación y, desde allí, sea enviada a ser misionera en su propia "Decápolis": su familia, su trabajo, su barrio. 

La evangelización más poderosa es el testimonio de una vida restaurada: "Y se fue a proclamar por la Decápolis lo que Jesús había hecho por él, y todos se maravillaban", nos narra de manera preciosa el Evangelio.

Que nosotros, que hemos experimentado la liberación de Cristo, seamos también anunciadores de esa esperanza en medio de un mundo que, aunque asustado por el cambio, anhela profundamente sentarse "vestido y en su sano juicio" a los pies del Señor.

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