Valentía colectiva
La violencia contra la mujer no es un destino: es una construcción humana que podemos —y debemos— desmontar. En este Día Internacional de Eliminación de la Violencia contra la Mujer, levantamos la voz para recordar que la dignidad no se negocia, que la vida femenina es sagrada y que el futuro se escribe con valentía colectiva.
Por Luis Daniel Londoño Silva. Mgtr. Violencia de Género|Humanizar Creando|dalonsi@gmail.com
La violencia contra la mujer no es solo un hecho social, es una herida histórica que se reactualiza cada día con nuevas máscaras. Ha mutado, se ha digitalizado, se ha vuelto más sutil y más compleja, pero sigue latiendo en los silencios incómodos, en los hogares cerrados, en las pantallas que replican humillaciones y en las estructuras que normalizan el dolor femenino. En sers humanos con mentes contaminadas por el pansexualismo y la dominación.
Sin embargo, esta realidad no es una condena irreparable: es una construcción humana, y todo lo humano puede ser transformado. Como afirma la filósofa y antropóloga argentina Rita Segato: “La violencia contra la mujer no es un fenómeno natural, sino político; y todo lo político puede ser reescrito” (Segato, La guerra contra las mujeres, 2016).
Hoy, la pregunta no es si la violencia existe, eso ya lo sabemos con tantas estadísticas publicadas, sino si es posible eliminarla. Y la respuesta exige profundidad, lucidez y valentía intelectual. No basta con sensibilizar o repetir estadísticas como de hecho, hacen los medios de comunicación, hay que transformar las raíces que la sostienen.
¿Es posible eliminar la violencia contra la mujer?
Sí, es posible, aunque requiere comprender tres verdades fundamentales. Cada una respaldada por investigaciones, evidencia y pensamiento crítico contemporáneo.
Primera verdad: La violencia contra la mujer es una construcción cultural, no una fatalidad biológica.
La antropología, la sociología y la neurociencia coinciden: no existe predisposición natural hacia la violencia de género. La socióloga mexicana Marcela Lagarde sostiene: “La violencia feminicida es estructural, aprendida, reproducida y, por tanto, desmontable” (Lagarde, Los cautiverios de las mujeres, 2005).
Si algo es aprendido, puede ser desaprendido. La violencia no está en los genes: está en los relatos, en los hábitos, en la educación emocional, en los sistemas de poder, por eso es eliminable, porque su raíz es cultural y lo cultural puede resignificarse.
La antropóloga y filósofa española Rita Segato, afirma que la violencia contra las mujeres es un "mandato de masculinidad" que se aprende; es un lenguaje que enseña a los hombres a dominar y a las mujeres a subordinarse.
Lo que se construye socialmente puede deconstruirse. La experiencia de países que han implementado reformas educativas profundas con perspectiva de género, como los países nórdicos, muestra una correlación positiva con la reducción de la tolerancia social hacia la violencia.
El informe de ONU Mujeres "El progreso de las mujeres en el mundo 2019-2020" destaca que las reformas legales y educativas son los motores más poderosos para cambiar normas sociales dañinas.
Segunda verdad: Las sociedades que implementan modelos integrales reducen drásticamente la violencia.
Países que combinan prevención, transformación cultural, justicia efectiva y acompañamiento emocional muestran descensos visibles de violencia.
La OMS indica que las intervenciones multisectoriales reducen entre un 20% y un 50% los casos de violencia en menos de una década (OMS, Informe Mundial sobre la Violencia, 2021).
Además, hay acciones viables que ayudan a la eliminación de violencias contra la mujer:
- Los programas de educación emocional masculina disminuyen la agresión en adolescentes (Robert W. Levenson, UC Berkeley, 2018);
- Comunidades entrenadas en respuesta temprana reducen la reincidencia del agresor (Kelly Johnson, Community Responses to Gender Violence, 2020).
- Protocolos de seguridad digital y detección de acoso reducen en 60% la exposición a violencia online (Laura Hernández, Ciberviolencias de género, 2020).
- Educación en igualdad de género desde la infancia.
- Programas que desafían los estereotipos de género han demostrado reducir la aceptación de la violencia en las nuevas generaciones;
- Fortalecimiento económico de la mujer, el acceso a recursos financieros, créditos y control sobre la propiedad (recomendado por expertos como Mayra Buvinic, del Center for Global Development), reduce la vulnerabilidad económica, un factor clave que atrapa a las mujeres en relaciones violentas.
La evidencia es contundente: donde se interviene bien, la violencia retrocede, por lo tanto, no es invencible.
Tercera verdad: Para eliminar la violencia, hay que intervenir en las tres capas donde esta se reproduce: simbólica, emocional y estructural.
La filósofa francesa Françoise Héritier afirmó que, "la desigualdad nace en el plano simbólico, en la idea de que el cuerpo femenino vale menos" (Masculino/Femenino, 1996). El psicólogo Luis Bonino mostró cómo las microviolencias cotidianas sostienen las grandes violencias (Bonino, Micromachismos, 2004). Esas violencias microcotidianas, incluso apoyadas en muchos casos por las mujeres, se convierten en monstruos que luego las maltratan, hasta llegar a los lamentables feminicidios. La música sigue prolongando la violencia contra la mujer.
Enmedio de esta realidad hay algo paradógico, y es que algunas mujeres repiten a grito herido, letras que disminuyen su dignidad y las vulgarizan, como por ejemplo: Cuatro babys de Maluma (2016), o la obsesión por la palabra "culo" de Karol G, o como Safaera”de Bad Bunny, Jowell & Randy, Ñengo Flow (2020) y “Puesto Pa’ Guerrial” – Jowell & Randy (2010), por citar algunos casos.
La ONU Mujeres evidencia que la impunidad jurídica alimenta el ciclo violento (Informe Global, 2022).
Por eso, la eliminación de la violencia requiere un triple movimiento:
Desmontar los símbolos que normalizan la inferioridad femenina y que se han naturalizado.
Reeducar emocionalmente a hombres y mujeres para crear relaciones no basadas en el control, sino en la "co-creación".
Transformar las estructuras, leyes, instituciones, ciudades y plataformas digitales para que no permitan que la violencia se reproduzca.
Cuando estos tres niveles se sincronizan, la violencia deja de tener un ecosistema fértil.
La respuesta la pregunta sobre si es posible eliminar la violencia contra la mujer, nace con un "SÍ" que es condicional. Todo depende de que esta voluntad se traduzca en políticas de Estado de largo plazo, con financiamiento sostenido y una alianza multisectorial (gobierno, sector privado, academia, medios y sociedad civil) que aborde el problema desde su raíz, y no solo sus síntomas.
La teoría del cambio del sociólogo Philip Alston, ex-Relator de la ONU sobre Pobreza Extrema, aplica aquí: "sin una redistribución radical del poder y los recursos, las desigualdades estructurales, incluida la violencia de género, persistirán".
La clave no está solo en castigar, sino en prevenir. El futuro de la lucha está en las aulas, en los medios de comunicación, en la reeducación de masculinidades y en el diseño de ciudades y economías más justas. La profilaxis social es más poderosa que la pena posterior.
Cabe anotar que, la violencia contra la mujer, no es un problema de las mujeres; es el síntoma más grave de una sociedad enferma de desigualdad. Su eliminación no es solo un acto de justicia para la mitad de la humanidad, sino la condición indispensable para la salud de toda la humanidad.
El camino es arduo, pero la dirección es clara, y cada paso firme nos acerca a un futuro donde el miedo ya no sea la sombra constante de una mujer.
Por tanto, eliminar la violencia contra la mujer no es una utopía ingenua; es una tarea posible, compleja y profundamente humana.
No desaparecerá sola, hay que perseguirla en sus sombras, desnudar sus lógicas, incomodar las narrativas que la sostienen, reinventar la educación emocional, rediseñar las ciudades, vigilar el mundo digital y fortalecer las estructuras de justicia.
La violencia es fuerte, sí, pero las culturas cambian, las conciencias despiertan y los imaginarios se transforman y, cuando una sociedad entera decide que ninguna vida femenina será negociable, la violencia pierde su reino.
Después de este estudio la pregunta de este artículo cambia ¿Estamos dispuestos a transformar aquello que hace posible su existencia?
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