LAS NUEVAS NARRATIVAS DE LA FE

 Una conversación entre amigos

Por Luis Daniel Londoño Silva|Humanizar Creando|dalonsi@gmail.com

Imagina que entras en una casa familiar, donde el aroma a café recién hecho se mezcla con el sonido de una conversación animada. No es un lugar de regaños ni de lecciones magistrales, sino un espacio donde se habla de la vida con honestidad: de las alegrías, las dudas, las pérdidas y la búsqueda incansable de sentido. Te ofrecen un asiento y una taza. Te escuchan.

Muchos hoy no se acercan a la fe católica no porque hayan "resuelto" los misterios de la existencia, sino porque no se sienten invitados a esta conversación. Perciben la Iglesia como un museo de certezas inamovibles, donde las narrativas —el modo de contar la historia de Dios y del hombre— parecen congeladas en el tiempo, recubiertas de un barniz moralista y un lenguaje piadoso y quizás extra terretre que, con frecuencia, no logra conectar con el corazón herido y complejo del ser humano del siglo XXI.

Este ensayo es una invitación a repensar cómo contamos la historia más grande jamás contada. No para cambiar el mensaje, que es eterno, sino para revitalizar el idioma con el que lo comunicamos. Es un llamado a tejer nuevas narrativas que, fieles a la riqueza bíblica, pastoral y espiritual, sean un faro en estos tiempos de grandes desafíos espirituales.

Con base en este preámbulo y desde mi experiencia ministerial y de teólogo investigador, les comparto diez características esenciales para las nuevas narrativas de la fe.

1. De la certidumbre dogmática al asombro del misterio 

La narrativa clásica a menudo presenta la fe como un sistema cerrado de respuestas. La nueva narrativa debe partir del asombro ante el Misterio. Dios no es un problema a resolver, sino un océano en el que nos podemos sumergir. Se trata de cambiar el énfasis de "tener la razón" a "estar en una relación" con lo Trascendente. Es la diferencia entre entregar un manual de instrucciones y acompañar a alguien en la exploración de un vasto y hermoso paisaje interior.

2. Del Dios juez distante al Dios compasivo y encarnado

Aunque la justicia divina es parte de la teología, el acento exclusivo en un Dios fiscal ha oscurecido el rostro del Padre misericordioso que Jesús reveló en la parábola del Hijo Pródigo. La nueva narrativa debe ser radicalmente encarnacional: Dios se hizo carne, habitó en nuestra fragilidad, conoce nuestras luchas y su primer movimiento es siempre la compasión, no la condena. Es un Dios que sangra en la Cruz, no solo un Dios que dicta sentencia desde el cielo.

3. De la moral como lista e condenas a la ética del discipulado

Muchos identifican la fe católica con una lista de "noes". La nueva narrativa debe presentar la moral como una respuesta de amor a un Amor recibido primero. Es una ética del discipulado, un camino de crecimiento en la libertad y la plenitud humana, siguiendo las huellas de Jesús. No se trata primero de "qué debo hacer", sino de "en quién me estoy convirtiendo" por amor a Cristo y al prójimo.

4. De la espiritualidad de evasión a la contemplación en la acción

La piedad a veces ha fomentado una huida del mundo. La nueva narrativa debe recuperar la espiritualidad de San Ignacio de Loyola o de Santa Teresa de Calcuta: encontrar a Dios en todas las cosas. La oración no es un refugio para escapar de lo real, sino el combustible para transformarlo. Se contempla en el silencio para servir con mayor lucidez y amor en el mercado, la oficina, la familia, la política, la cultura, el medio ambiente...

5. De una comunidad de puros a un hospital de campaña

La imagen de una Iglesia para "los que ya están salvados" es letal. El Papa Francisco siempre nos recordaba que la Iglesia es un "hospital de campaña" para heridos. La nueva narrativa debe enfatizar que pertenecemos no porque seamos perfectos, sino porque reconocemos nuestra necesidad de sanación y de gracia. Es una comunidad de pecadores perdonados que caminan juntos, no un club de virtuosos.

6. Del lenguaje abstracto al relato experiencial

Los conceptos teológicos (gracia, pecado original, eucaristía) pueden sonar abstractos. La nueva narrativa debe traducirlos a historias, metáforas y experiencias humanas universales. Hablar de la "gracia" como ese susurro de esperanza en medio de la desesperación; del "pecado" como esa fuerza interior que nos fractura a nosotros y a nuestros relationships; de la "Eucaristía" como el banquete que sacia nuestra hambre más profunda de comunión.

7. Del monólogo al diálogo humilde con la ciencia y la cultura

La fe no puede encerrarse en una torre de marfil. La nueva narrativa debe abrazar un diálogo sincero y sin miedo con la ciencia, la psicología, el arte y la filosofía. La verdad es una, y si Dios es el Dios de la verdad, no hay descubrimiento científico ni expresión artística auténtica que pueda contradecirle. La fe ilumina la razón, y la razón purifica la fe.

8. De la pasividad del fiel a la corresponsabilidad misionera

El modelo donde el "clero hace y el pueblo recibe" está agotado. La nueva narrativa debe ser un llamado a la corresponsabilidad y al sacerdocio universal de los fieles. Cada bautizado es un discípulo-misionero, llamado a ser profeta, sacerdote y rey en su ámbito de influencia. La fe no se hereda, se testimonia.

9. De una estructura piramidal a una comunión de creyentes en misión

La narrativa tradicional ha presentado, consciente o inconscientemente, una Iglesia de "dos pisos": en la cúspide, el clero (obispos, sacerdotes) como los "actores" principales de la fe, y en la base, los laicos como espectadores o receptores pasivos. Esta visión clericalista no solo es una distorsión del Concilio Vaticano II, sino que asfixia la vitalidad del Pueblo de Dios.

La nueva narrativa debe superar este modelo para abrazar una ecclesiología de comunión y participación. Esto significa que, el clérigo y el laico no son categorías opuestas, sino carismas complementarios al servicio del mismo Reino. La misión del sacerdote es fundamental, pero su función es servir a la santidad y misión de todos los bautizados, no suplantarla. 

Su liderazgo es para coordinar, animar y facilitar los dones que el Espíritu Santo ha derramado sobre toda la comunidad.

10. De la respuesta fácil al acompañamiento en el dolor y la duda

Frente al dolor, el mal y la duda, las respuestas prefabricadas ("es la voluntad de Dios") suenan huecas. La nueva narrativa debe entrenarnos en el arte del acompañamiento, siguiendo el ejemplo de Jesús con los discípulos de Emaús: caminar junto al que sufre, escuchar su historia, y solo entonces, desde la compañía, ayudar a descubrir la presencia silenciosa del Resucitado en medio del fracaso.

Lo imprescindible para el camino

Al final de este recorrido, queda claro que el núcleo del mensaje cristiano —el Amor salvador de Dios en Jesucristo— permanece inalterable. Lo que debe cambiar es el "envase" narrativo. De esta reflexión, se desprenden tres conclusiones imprescindibles:

La centralidad del encuentro

La fe no es una ideología, sino el resultado de un encuentro personal con Jesús. Toda narrativa, por elaborada que sea, debe apuntar a facilitar ese encuentro real, no teórico, en la vida concreta de las personas.

El lenguaje del amor misericordioso

La misericordia no es un "tema" más, es la clave hermenéutica para reinterpretar toda la fe. Una narrativa que no respire misericordia en cada una de sus palabras, no será la narrativa del Evangelio.

La humildad y la autenticidad como credenciales

En un mundo escéptico de la publicidad y lo institucional, la credibilidad no se gana con argumentos irrefutables, sino con el testimonio de una autenticidad humilde. Comunidades que se reconocen en camino, que dudan, que sirven, que perdonan y que aman sin condiciones, serán la narrativa más elocuente.

Re-escribir lo eterno no es una tarea de marketing, sino un acto de profunda fidelidad. Es desempolvar el brillo del diamante del Evangelio para que, con sus nuevas facetas, pueda volver a reflejar la Luz que un mundo sediento de espíritu anhela encontrar. La fe no necesita ser modernizada; necesita ser vivida y contada con la frescura, la audacia y la belleza con la que nació.

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